jueves, 24 de enero de 2013

Mi niñez amarilla

Mi sentimiento personal por la Familia Amarilla, se remonta a cuando tendría los 7 u 8 años de edad, desde  la que tengo recuerdos mentales sobre el equipo del Pio, Pio, pues ya para esas fechas mi padre me llevaba al Estadio Insular, en compañía de otros tíos, para disfrutar, y también sufrir, los partidos en directo.
El asistir al campo en aquellos tiempos eran realmente especial, porque no existía la retransmisión de los partidos por la televisión... ni siquiera aún existía ésta.
Recuerdos que llegábamos al Estadio un par de horas antes del inicio del encuentro, pues se formaban grandísimas colas para acceder, en las que permanecíamos de pie esperando que se abrieran las puertas de entrada.
Una vez dentro, nos ubicábamos en el sitio elegido, guardando puestos para los familiares y amigos que sólo podían llegar a la hora del inicio.
Como la entrada al Estadio se producía con muchísimo tiempo de antelación, los mayores organizaban partidas de baraja, mi familia principalmente jugaba al "subastao", siendo acompañada las mismas con la bota de vino, jareas y pejínes, para hacer más llevadero el tiempo de espera... para mí había bocadillo de tortilla.
Una vez llegada la hora del partido, ya el Estadio se encontraba totalmente lleno, y cuando los jugadores saltaban al campo, se producía un griterío que te hacía poner la piel de gallina.
Durante el encuentro, mi padre me ponía sobre la "pela" para que pudiera ver a los jugadores, ya que en la zona de las gradas populares la gente veía el partido de pie.
Acabado el partido, tocaba tener paciencia para salir del Estadio, la cual se producía a base de empujones, avanzando paso a paso, y con un estado de ánimo dependiente del resultado habido o del juego realizado.
Aunque para la gran mayoría de expectadores, el acudir al Estadio  les ocasinaba muchísimas incomodidades, pues normalmente se producía un lleno total en las gradas... y cuando venía los equipos grandes, ya era el no va más.

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